"Todo va a ir bien", no tía, no todo va a ir bien, pero si que va a pasar y va a doler menos, y eso no implica que estará bien, que yo estaré bien, sino que el tiempo pondrá de su parte para hacerme olvidar que ahora estoy en la mierda. Y de repente, preferiré centrarme en el alteo de una mariposa, como si verla conllevara a que mis días sean mejores ¿Me explico? O como si el olor a café te dijera que nada podrá estropearte el día.
Escogeré creer que si me cruzo con alguien que me aguanta la puerta y me da los buenos días entonces las malas personas dejarán de existir, al menos, ese micro segundo. Creeré fielmente en la idea de que las almas que se juntan morirán juntas, y también, en que una persona que te quiere de verdad nunca se marchará. También apostaré en que somos personas mosaicos, es decir, que vamos formándonos a partir de las personas que pasan por nuestras vidas, cogiendo un poquito de todas ellas.
Y sin duda alguna, me amarraré a la idea de que la vida es preciosa, en todos sus sentidos, y que siempre, tendrá algo para regalarnos, para hacernos ser conscientes de que estamos vivas, de que en este mundo oscuro y tenaz, seguimos aquí y mientras sigamos aquí tendremos que seguir buscando un motivo por el que emocionarnos, por el que sentir que hoy nuestros pies tocan la tierra, pero que mañana, tal vez, no podamos ver de nuevo el aleteo de la mariposa.