Cuando todo nuestro mundo está del revés, cuando el caos llega y la incertidumbre del mañana acecha hacía nuestra zona de confort, cuando el miedo llama a la puerta solo necesitamos unos cascos, nuestra canción favorita, tirarnos en la cama y llorar para sanar. Cuando la música cambia, ese microsegundo de silencio que causa, ese silencio en el que escuchamos nuestras lágrimas y en el que de repente una de ellas cae por nuestra mejilla, ese silencio que no sabemos si causa alivio o más dolor del que ya sentimos.
El silencio de una mala noticia, en el que no sabemos si volver a preguntar para que la respuesta que has oído antes ya no exista o colgar la llamada y obviar que esa noticia ha llegado hasta ti. El silencio del momento en el que cruzas mal por una carretera y un coche te pita y ya no sabes si sigues ahí o quizás ese coche está encima tuya y te juras no volver a cruzar mal, pero mañana repites el mismo trayecto, el mismo silencio.
Cuando sientes esa angustia que provoca el sentir que no puedes hablar, que tu boca quedó muda el día que te sentiste indiferente hacía los demás, el día en el que tu autoestima se derrumbó ante varios malos comentarios y en el que decidiste no volver a ser molestia, esa amargura, ese silencio del callar, de no poder ser libre, de no decir todo aquello que con rabia te dices ante un espejo.
El silencio de unos hijos viendo a su madre tirada en el suelo y con lágrimas en los ojos, los mismos en los cuales tiene un morado que casi ocupa media cara. El silencio de quien se compra el móvil más caro del mundo y al salir de su casa no le aguanta la puerta ni al señor del primero izquierda. Ese silencio que creamos en una situación incómoda en el que en una relación ya no hay ni temas, ni amor del que conversar y que te parte el alma por todo lo que un día fuisteis juntos.
El del niño al que ni sus profesores defienden en la escuela por x motivos que duelen tanto que ahora mismo no podría comentarlos. El silencio de quien le pone las esposas a quien roba porque no le queda otra, o a quien echa de sus casas a personas que tienen menos que nada. El silencio de quienes tenemos la nevera llena y subimos un post para defender un país en guerra del cual todos somos culpables. De aquellos silencios que no queremos recordar pero que nos matan cada vez que lo hacemos.
Y podría contaros que hay silencios que no son tan malos, porque hay veces que conversamos con nosotros mismos dando un paseo y escuchando únicamente el sonido del aire en el movimiento de los árboles, yo soy de esas que ama y ve como un privilegio observar un prado lleno de flores y valorar ese silencio. Podría deciros , que el silencio a veces nos arregla el alma, pero también que no hay más dolor que el silencio, por que el silencio, a veces mata.
Recomendación: Dale si quereis escucharlo, pero por favor que sea con auriculares, tus ojos cerrados y mucho silencio: SILENCIOS
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